Víctor Hugo Garcés Soto del Centro Documentación Patrimonial de Lebu, colaborador permanente de nuestro diario, nos envía su propuesta con el viejo puente de Lebu.
“El Puente Viejo de Lebu, constituye un testimonio material excepcional de la historia urbana, social y técnica de la comuna. Próximo a cumplir cien años de uso público, ha sido eje fundamental de conectividad, intercambio y memoria colectiva, vinculando generaciones de habitantes y configurando el paisaje identitario del río Lebu. Su estructura, materiales y sistema constructivo reflejan un período clave del desarrollo local, regional y nacional.
Declararlo Monumento Histórico ante el CMN permitirá asegurar su protección, conservación y puesta en valor, reconociendo su significado patrimonial y su aporte irremplazable a la historia y cultura de Lebu”.
E L P U E N T E Q U E R E S I S T E A L R Í O
Libro patrimonial ilustrado
Texto e Ilustraciones Víctor Hugo Garcés Soto
Prólogo
El río Lebu no solo corre: recuerda. Cada mañana despierta con la marea de la historia, arrastrando voces, pasos y sombras que se reflejan en sus aguas oscuras. Sobre él, con la paciencia de quien ha aprendido a esperar, se alza el Puente Viejo de Lebu. No grita su presencia. Permanece. Y en esa permanencia guarda el pulso de una ciudad entera.
Esta es la historia de cómo un puente — de hormigón, acero y memoria — comenzó a ser mirado no solo como una estructura, sino como un testigo vivo. Y de cómo Lebu, al mirarlo de nuevo, decidió reconocerlo como Monumento Histórico.
Capítulo I – El tercer intento
Cuando en 1928 comenzaron las obras, el río ya había vencido dos veces al hombre. Los viejos del puerto decían que el Lebu no se dejaba domar fácilmente. El primer puente de madera, levantado por zapadores en tiempos de Gregorio Urrutia, había sido largo como una promesa y frágil como una tabla mojada. El segundo, obra de Guillermo Marks, envejeció antes de tiempo.
Por eso, cuando llegaron los planos del ingeniero alemán Federico Wiesse, la ciudad observó con desconfianza y esperanza. Wiesse caminó la ribera con un cuaderno bajo el brazo. No hablaba mucho. Medía, anotaba, miraba el cauce como quien escucha a un animal antiguo. Sabía que en este sur sísmico no bastaba con resistir el peso: había que aprender a moverse.
Capítulo II – Los hombres del hormigón de río
Bonifacio Sotomayor tenía dieciséis años cuando entró a la obra. Aprendió a mezclar el hormigón con piedrecillas extraídas del mismo río que algún día cruzaría. Nada venía de afuera, salvo el conocimiento. Todo se hacía allí, bajo la lluvia, con las manos heladas y la convicción de que aquello duraría más que ellos.
Las vigas se apoyaban sobre rodillos de fierro, un detalle casi invisible, pensado para que el puente respirara con la tierra. Nadie hablaba de antisísmico; se hablaba de experiencia. Cuando cargaron ochenta toneladas de sacos de arena para probarlo, el silencio fue absoluto. El puente no crujió. Bonifacio sonrió. Nadie murió en esa obra, y ese orgullo lo acompañó toda su vida.
Capítulo III – El día de la inauguración
El 15 de marzo de 1930, Lebu se vistió de domingo. El gobernador Ricardo Santander y su esposa Ángela Fantini cruzaron el puente bajo aplausos. Las barandas nuevas, con su trama triangular, brillaban al sol. El río parecía aceptar, por fin, la presencia de aquella curva suave que lo atravesaba.
Desde entonces, el puente fue camino y rito: por él pasaron mineros del carbón, camiones cargados de madera, niños rumbo al estadio o la playa, ciclistas, enamorados y cortejos fúnebres camino al cementerio. Cada paso iba dejando una capa invisible de historia.
Capítulo IV – Cuando la tierra se movió
En 1960, la noche tembló como mina inundada, tal como escribió Gonzalo Rojas. Algunos rodillos se quebraron, algunos tramos se desplazaron apenas unos centímetros. El puente resistió. En 2010 volvió a hacerlo. Los lebulenses comenzaron a mirarlo con respeto casi humano, como a un viejo que ya había sobrevivido demasiado.
Con los años, el tránsito pesado lo hirió en la superficie. El hormigón se descascaró, el fierro quedó al descubierto. Pero el cuerpo profundo seguía firme. Cuando se cerró al tránsito vehicular, el puente no murió: cambió de voz.
Capítulo V – La declaración
Fue una mañana fría cuando Ana, arquitecta municipal, desplegó los planos sobre la mesa del concejo. Habló de pilares, de curvaturas, de rodillos ocultos. Pero también habló de memoria, de identidad, de museo al aire libre. El historiador citó cartas, el profesor recordó a Wiesse, y un vecino habló de su padre, Bonifacio.

El puente ya no era solo un cruce: era un argumento. La propuesta de declararlo Monumento Histórico no buscaba congelarlo, sino proteger su derecho a seguir contando historias.
Epílogo – El puente que mira
Hoy, convertido en Paseo Peatonal, el Puente Viejo de Lebu mira el río como siempre. Sabe que ha sido nombrado, reconocido, cuidado. Pero también sabe que su verdadera declaración ocurre cada vez que alguien se detiene a mitad de su curva y escucha el agua pasar.

Anexos históricos
Anexo I – Ficha técnica del Puente Viejo de Lebu
- Nombre: Puente Viejo de Lebu (Puente carretero histórico)
- Ubicación: Calle Ignacio Carrera Pinto, cruce sobre el río Lebu.
- Año de construcción: 1928–1930. (Actualmente tiene 96 años)
- Inauguración: 15 de marzo de 1930.
- Ingeniero proyectista: Federico Wiesse Isense.
- Materialidad: Hormigón armado con agregados fluviales.
- Longitud aproximada: 260 m.
- Ancho total: 6,50 m.
- Número de pilares: 12.
Anexo II – Línea de tiempo histórica
- 1868–1869: Primer puente de madera (Batallón de Zapadores)
- 1875: Segundo puente de madera (Guillermo Marks)
- 1928–1930: Construcción del Puente Viejo actual.
- 1960: Terremoto del sur de Chile (resistencia estructural comprobada)
- Década de 1980: Reparaciones menores.
- 2002: Cierre al tránsito vehicular.
- 2010: Terremoto 27 febrero. (zona centro-sur; sin colapso estructural)
- Siglo XXI: Proyecto de paseo peatonal y puesta en valor.
- 2026: Libro basado en antecedentes históricos, técnicos y testimonios orales.
Anexo III – Federico Wiesse Isense
Ingeniero alemán, toda una autoridad en materia de puentes en Chile, como la construcción del puente sobre el río Toltén, el puente sobre el río Calle – Calle (1938-1945) y el puente Pedro de Valdivia frente a la ciudad de Valdivia, obra considerada grandiosa por su audacia, belleza y solidez. En 1941, fue convocado para hacerse cargo de la terminación del puente carretero sobre el río Bío – Bío, según registros del diario “El Sur”, en la década de 1940.
Anexo IV – Testimonios orales
Existen registros orales del hijo de un habitante de la comuna que, siendo un joven de 16 años, trabajó en la construcción de dicho puente, “donde todo se hacía en obra nada se traía de afuera y al terminar la construcción se probó la resistencia con 80 toneladas de sacos de arena; y que recuerda con orgullo que durante toda la faena no murió ningún operario. Años más tarde, este trabajador se jubiló como operario de la Dirección de Vialidad. (Testimonio de conversación con el Sr. Mario Sotomayor M. sobre su padre el Sr. Bonifacio Sotomayor Pedreros, 1906-2002).
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