¿Cuanto sabemos de nuestra historia y sus forjadores? Luis Pedro Barrueto rescata la obra de un hombre notable, del que quizás sabemos poco, pero de seguro una vez leída esta columna, nuestra admiración y deseos de saber algo más de Valentín Leteliar aflorará de inmediato.
Desde hace bastante tempo estaba curioso por la figura histórica de Valentín Letelier, entre otras razones, porque estudié en un liceo que lleva su nombre en Santiago.
Sucede que yo hacia mi segundo ciclo en el Liceo de Hombre de Angol. El colegio era de una arquitectura moderna, tenía 2 y 3 pisos y era de un imponente color blanco, estando el edificio localizado exactamente al frente de la plaza de armas. Hasta donde yo conozco, una de las más linda de Chile.
De este liceo tengo agradables recuerdos, entre otros, el haber sido presidente de su Centro de Alumno.
En la década del 50 y 60, Angol era una potencia cultural, lo único que no tenía era universidad. Además del Liceo de Hombre, tenía el Liceo de Niñas con internado, Escuela Industrial con Internado, Instituto Comercial, Escuela Agrícola y Escuela Normal de Mujeres también con internado. La ciudad era una pléyade de estudiantes, no solo de Angol, sino que también, de toda la región: Cañete, Los Sauces, Traiguén, Capitán Pastenes, Renaico, etc.
En Chile de aquella época, todos estos colegios públicos eran gratis, de modo que, el analfabetismo prácticamente era cero y los hijos de familias de bajos recursos como la mía, podían terminar su enseñanza media sin endeudarse. Ahora, encontrar trabajo era difícil, porque no había industria. Lo que había era comercio y agricultura pero bueno, esa es otra historia.
Estaba yo cursando en aquella época, el quinto año de humanidades y no teníamos profesor de química ni de biología y todo indicaba que el sexto año de humanidades sería la misma historia. La explicación de carencia de profesores era la misma de siempre: bajos salarios, para mantenerse en pueblos o ciudades de donde no eran oriundos, por eso, no querían ir a trabajar por esas bandas.
Sin duda, que este escenario preocupaba a mi madre y a mí, porque yo quería estudiar una carrera relacionada con la biología. Siempre me apasionó la biología. Yo creo que la eco-geografía de la región influyó en eso: la abundancia de valles, ríos, montañas y bosques, debió haber llenado mis pupilas.
Pero, ayer como hoy, entrar a la universidad, especialmente pública, exigía tener buenos puntajes en el Bachillerato (hoy PSU). La situación no era fácil porque en esa época, 1963, habían 7 universidades para 7 millones de habitantes, entonces imaginen Uds la presión por entrar.
Y no apenas eso, había que tener una buena situación económica para salir a estudiar fuera de tu pueblo o, tener familiares en las ciudades en que había universidad.
Si, ni lo uno, ni lo otro, el estudiante después de terminar su enseñanza media, estaba fulminado, o, conseguía pitutos y cuñas políticas para entrar en la administración pública o, quedaba sin pega, en una demostración de desperdicio de potenciales humanos que ningún sociólogo evaluó en términos de impacto y costo social para el país.
Sin duda, la situación del Liceo de Hombres de Angol era un cuadro dramático y típico de un país tercer mundista, en que el alcalde, el intendente de la provincia, los diputados de la región o el ministro de educación, estaban muy poco preocupados con la falta de un profesor de biología o química en el Liceo de Angol.
Por eso mi madre me mandó a Santiago, a la casa de una prima, que por fortuna, quedaba cerca del Valentín Letelier. Un liceo también lindo, nuevo de 3 pisos y de color azul, localizado en la Avda. Recoleta en Santiago y con flamantes profesores de biología y química.
Haciendo la historia corta, terminé mi sexto año de humanidades, di el famoso bachillerato salí mal en la primera tentativa, pero en la segunda me fue bien, gracias a Dios.!!
Por esas cosas de la vida, estudie en la Facultad de Filosofía y Educación de la Chile, titulando me como profesor de Biología y Ciencias Naturales después de largos 5 años de estudio.
Dicho sea de paso, aprendí 3 cosas importante en mi formación como profesor: disciplina, foco en la misión y cumplimiento de metas u objetivos .
Sucede que esta facultad, también tiene su historia asociada a Valentín Letelier, porque inicialmente fue creada como Instituto Pedagógico en 1889, bajo el gobierno de Balmaceda, donde Letelier tuvo una importante participación. Porque ya en esa época, como profesor, abogado y político (fue diputado) era un hombre visionario, percibía que era necesario formar este tipo de profesional para la enseñanza media, para democratizar el ingreso a la educación superior y modernizar el país.
Valentín Letelier de origen de clase media, nace en Linares en 1852, pero sus estudios secundarios y universitarios los realiza en Santiago, lo que era natural en aquellos años. Tiene que trabajar como profesor de historia para costearse sus estudios, formándose de abogado posteriormente.
Por otro lado, ya en la segunda mitad del siglo XlX, las ideas del iluminismo e positivismo europeo, estaban bien consolidadas en el ambiente cultural de la metrópolis (Santiago),quebrando el rígido monopolio de la influencia cultural española, tanto en lo político, social y religioso que Chile había heredado de España..
Apenas para recordar el contexto histórico, la constitución de 1833, proclamaba que la única religión permitida era la católica y el estado tenía derecho a influir en los asuntos eclesiásticos. Era una promiscuidad y tanto!!
El iluminismo y positivismo nacen en Europa durante el Renacimiento, como un movimiento emancipador de la conciencia del hombre, contra la superstición, mitos, fanatismo religioso y monarquías, heredados de la edad media, una era de oscurantismo e ignorancia, por lo mismo, también conocida como Edad de la Tinieblas.
Así siendo, el iluminismo del Renacimiento (siglos XVl-XVll-XVlll) representa la luz y la sapiencia, usando como instrumento una de las herramientas más poderosas que Dios pudo haber dado hombre: la razón. Este la usa para estudiar la naturaleza: el cuerpo humano, los planetas, las plantas y discutir sobre sistemas filosóficos y políticos y muy especialmente, el papel del estado en la vida de los ciudadanos.
Haciendo una analogía con el Mito de la Caverna de Platón, la caverna estaría representada por el oscurantismo e ignorancia de la Edad media y todavía prevaleciente en la cultura hispánica y colonias dominadas. La luz y sabiduría, por el Renacimiento un viento cultural nuevo y renovador impregnado de positivismo y iluminismo.
En Chile las ideas del iluminismo, habían sido diseminadas en el siglo XlX por instituciones como:
- La Sociedad Literaria, fundada en 1842, donde José Victorino Lastarria tuvo un papel importante, mas también, participaron muchos otros intelectuales de la época,
- La Universidad de Chile, fundada el 19 de noviembre de 1942, siendo su creación uno de los eventos culturales más importante del siglo XlX. Para nuestro orgullo, Andrés Bello López (un venezolano exilado en nuestra patria) fue su primer Rector. Este hombre de baja estatura física, de poco hablar, pero de mucho escribir, por su cultura y capacidad intelectual, tuvo una profunda influencia en la transformación de Chile post-colonia en nación. Antes de llegar a Chile ya era notable, fue amigo de Simón Bolívar y Alejandro Humboldt.
- La Sociedad de la Igualdad, fundada en 1950 por Santiago Arcos y Francisco Bilbao, también fue otro foco cultural que sirvió para difundir ideas liberales e iluministas sobre el papel del estado en la vida pública de los ciudadanos, ideales de la nueva república y grande crisol sobre la discusión de la velocidad y magnitud de los cambios que el país necesitaba para su desarrollo.
- Los Clubes de la Reforma fundados en diversas ciudades. El de Santiago por ejemplo, fue fundado en 1868 y fue frecuenta por don José Manuel Balmaceda, Manuel Antonio Matta etc, este último gran amigo de Letelier. Estos Clubes defendían la libertad de prensa, la separación de la iglesia del estado y el laicismo de las instituciones además de otras banderas republicanas.
De estas cuestiones neurálgicas, se empapa Valentín Letelier y adhiere doctrinariamente al positivismo y las ideas heterodoxas del iluminismo. Ideas estas muy cercanas a su perfil profesional, ya que fue miembro de la masonería, militante del Partido Radical, profesor de liceo, abogado, diplomático, profesor de la Chile y Rector de la misma universidad.
Su foco de preocupación es variado y amplio, defiende el estado laico, la formación de administradores públicos y profesionales, justamente, para aumentar la eficiencia y la meritocracia en la atención del estado, y evitar así, el nepotismo y pituteo de la época en la ocupación de cargos públicos, en la patria que nacía.
Pena que hasta hoy eso no se haya conseguido!
Defiende también con ardor, la calidad y gratuidad de la educación pública, sin negar la opción de la educación privada. Fue uno de los primeros en proclamar que “gobernar es educar”.
Intensa fue también su preocupación por una legislación laboral, más actualizada y socialmente más justa, registrada e muchos libros en el día de hoy(*).
En este sentido y no obstante de ser un liberal, respetuoso de la libertad de expresión y de conciencia, siente una fuerte inclinación por los problemas sociales de su época.
Reivindica una preocupación mayor por parte del Estado, por los más débiles, por los más desamparados, a través de una legislación social más apropiada, Estado Benefactor, distanciándose del liberalismo más doctrinario de Enrique Mac-Iver correligionario de partido, pero tampoco, confundiéndose con el Marxismo Leninismo y dictadura del proletariado de los comunistas y socialistas de la época.
En este sentido, Letelier se adelantó mucho a la actual Democracia Social Europea de los países nórdicos, donde: capital, trabajo y democracia, conviven armónicamente con altos estándares de vida para sus ciudadanos.
Si, estas ideas y muchas otras de Letelier hoy las defiende el Partido Radical, no sé, porque nunca fui militante ni simpatizante de esa agrupación, o porque tal partido, nunca las divulgó suficientemente en el ámbito del dialogo o debate político.
Escribí este artículo apenas para matar mi curiosidad respecto a quien era este hombre público y su contexto histórico, sin sectarismo, dogmatismo ni mezquindades. Descubro que se trata de un brillante intelectual de nuestra vida republicana, que transitó en la interface del siglo XlX y XX, pues murió en el invierno de 1919, cuando Cañete todavía andaba en pañales, predominaba el latifundio y yo, ni había nacido.
Él no fue un opinólogo como existen tanto ahora en Chile con retórica y discursos repetidos. Su pensamiento está presente en muchos libros que él publicó, cosa rara hoy en día entre los chilenos, que con frecuencia, abusan de los eslóganes, lugares comunes y discursean sin erudición.
Mi mayor gratitud con este hombre, es la de haber defendido allá atrás, siglo XlX, la educación pública gratuita, esto permitió a muchos con-nacionales, entre ellos yo, haber llegado a ser un profesional, condición esta necesaria, para ganarme el pan con el sudor de mi frente de forma honrada y competente, tal como mi madre siempre me orientó, a pesar de que ella, apenas cursó la sexta preparatoria en la Escuela de Mujeres de Cañete.
Ella como muchas otras compañeras, no podía aspirar a mas por esos años, pues, no había Liceo en Cañete o sea, no había enseñanza secundaria. Mas ahí, ya no es culpa de Valentín Letelier, sino de los representantes que los cañetinos eligieron al parlamento, inclusive, hubo uno que llegó a ser presidente de la república y no fue capaz de darle un liceo a su pueblo natal. Tal parece que, Juan Antonio Ríos leyó poco a Valentín Letelier.
Por eso, hay que saber usar el voto en beneficio de una patria más prospera, justa y democrática, comenzando por la educación.
(*) Para saber más sobre Valentin Letelier, recomiendo el libro: “Valentín Letelier: Estudios sobre Política, Gobierno y Administración Pública de: Eduardo Araya & Diego Barria. Ed. Universitaria, 2012. 303 p.
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