'Químico de profesión, comerciante por adopción y cañetino de corazón', así se presentó Gabriel Yanine cuando comenzó como columnista en nuestro medio. Con sus columnas de 'Lo Urbano y lo Divino' nos regaló una mirada llena de temas, preguntas y humanidad: el racismo, la tolerancia, el reconocimiento, el turismo… y hasta la despedida de un querido vecino de Cañete, escrita con el cariño que solo él sabía poner en cada línea.
Quiero decir que no era “un amigo” en el sentido común de la palabra, pero sí era una persona entrañable, alguien con quien el encuentro nunca se quedaba en el saludo. Con Gabriel bastaban pocos minutos para que la conversación se extendiera—horas incluso—según lo que el momento trajera. Era culto, de criterio abierto, y también honesto: no escondía sus ideas. Su postura a favor de la causa palestina y su visión política, a veces, incomodaban a quienes tenía cerca, pero precisamente ahí se notaba su coherencia y su forma de pensar con convicción.
Participaba activamente en grupos deportivos y culturales. Era fácil verlo en actividades, integrándose con naturalidad, disfrutando y aportando. Recuerdo especialmente un encuentro cerca de Contulmo, donde estaba invitada la artista argentina Beatriz Pichimalén: apenas se la presentamos, quedó fascinado y se sumergió en una conversación como si siempre hubiera tenido algo que aprender y algo que compartir.
Lamento no haberlo visto en el último tiempo y no saber de su salud. Enterarnos de su fallecimiento fue una sorpresa dolorosa; y más aún, porque la distancia me impidió despedirme como corresponde. Estoy seguro de que habrá ocurrido lo mismo con varios cañetinos que lo conocieron y compartieron con él momentos verdaderamente buenos. Hoy, a través de estas letras, quiero enviar un abrazo y un saludo a su familia en este duelo.
Gabriel Yanine Meruane, cañetino de corazón: te quedas en la memoria y en el cariño de quienes tuvimos el privilegio de conocerte. En tu largo paso por esta ciudad, también dejaste—como semilla—huellas que no se borran.
Hasta siempre.
Una invitación a leer las columnas que Gabriel nos dejó para siempre: leer acá…
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