Hablar de Pedro seguramente despertará muchos recuerdos y opiniones sobre su vida. En sus seis décadas, desempeñó diversos oficios y roles, siempre con dedicación y cariño. Algunos lo recordarán como estudiante; otros, como fotógrafo, electricista, transportista escolar, comerciante o dirigente social, entre tantas actividades en las que destacó.
Yo lo recordaré, sobre todo, como compañero de curso durante nueve años en la gloriosa Escuela N.º 1, Leoncio Araneda Figueroa de Cañete.
Ingresamos juntos al kínder de la profesora Betty Buchholtz hace 59 años, en 1967, y cursamos juntos hasta el 8.º básico, en 1975, siendo nuestro profesor jefe Valentín Rocha. En el camino también estuvieron la profesora Leonor Abarzúa y el profesor Andaur (cuyo nombre no logro recordar), además de grandes docentes en las diferentes asignaturas, como Hipólito Palacios (Inglés), René Andrade (Castellano), Sergio Sanhueza (Matemáticas) y el actual alcalde, Jorge Radonich (Técnicas Manuales) quien al parecer vivía entonces su primer año de docencia.
“Chupallita” fue un apodo que le puso Lucho Navarro (porque alguna vez llevó una), aunque para la mayoría era “Vergarita”, por ser el más menudo del curso y para diferenciarlo de Jaime Vergara, otro compañero.
Aunque compartimos nueve años (hace más de medio siglo), y podría mencionar innumerables recuerdos, con el tiempo la memoria se vuelve frágil. Lo recuerdo como un buen alumno, metódico y con la mejor motricidad fina del curso: nos ayudaba a todos en los trabajos manuales. En los primeros años vivíamos cerca y, junto a Pincheira, muchas veces caminábamos un par de cuadras juntos, de regreso a casa.
Así como a él le pusieron apodo, él también tenía talento para “bautizar” a otros compañeros, siempre con picardía. Lo comentamos más de una vez cuando nos reencontramos.
Pedro tenía una memoria admirable de nuestro paso por la escuela: recordaba los nombres de todos —incluso los tres míos—, se sabía la Lista de curso completa, los apodos y anécdotas que yo ya había olvidado. Hoy ya no estará para seguir trayéndolas de vuelta.
Al terminar la enseñanza básica, casi todos seguimos rumbos distintos y dejé de verlo por años. Después nos reencontramos esporádicamente y, antes de la pandemia, con algo más de tiempo para conversar sobre la vida que cada uno había llevado. En los últimos dos años no habíamos tenido contacto y, hace apenas una semana, Luis Durán me contó del delicado estado de salud de nuestro compañero Pedro Vergara, a quien hoy nos toca despedir, pocos días después de su cumpleaños.
¡Hasta siempre, Pedro!
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