Quien lo diría, nuestro recopilador de prensa histórica, le toca escribir sobre su historia, aparecida en la prensa nacional hace 60 años cuando viajó al mundial de fútbol de Inglaterra.
NOS CUENTA ROLANDO:
Desde 1930 y en Uruguay se celebró el primer torneo de fútbol. Desde entonces y cada cuatro años se ha consolidado como el mayor evento deportivo del planeta.
Este año dicho evento se esta desarrollando en Mexico, Estados Unidos y Canada, esta vez con la participación de 48 selecciones.
Por este motivo, quiero recordar y compartir mi experiencia, por esas cosas del destino, fui el ganador de un concurso de una prestigiosa revista deportiva GOL Y GOL y me llevo a viajar en una época muy diferente, al mundial de Inglaterra 1966, han transcurridos ya, 60 años.
Comparto la última entrevista en la revista organizadora y publicada el 10 de agosto de 1966 y escrita por un destacado periodista, escritor y director de Gol y Gol don Orlando Cabrera Leiva enviado especial para informar de los acontecimientos de ese mundial.
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U N S U E Ñ O M A R A V I L L O S O El sueño de un estudiante de 17 años se ha cumplido. Todo lo que su imaginación creó alrededor de un cupón para el Concurso a Londres con GOL Y GOL, con la tranquilidad campesina de su pueblo Los Alamos, lo vivió. Y lo vivió en forma rápida, casi con la desesperación del pobre que, en un instante, posee el oro que nunca antes tuvo. Lo derrochó con avidez. Encontró la veta ansiada y la agotó de golpe, en su afán de poseerla integra. La disfrutó a conciencia, Rolando Matus López regresó al país, a su realidad de siempre, a su vida anterior, sin bellezas desconocidas. sin rasgos ni rostros diferentes. El ave de acero lo llevó en su vientre más allá de las fronteras del país —del cual sólo conoce tres ciudades—, para trasladarlo a la tierra de Shakespeare, de las minifaldas y las melenas masculinas hasta los hombros. Todo un mundo desconocido, el soñado, pero el que creía no conocería nunca. Y, sin embargo. lo conoció, y GOL Y GOL se siente feliz de haber tenido participación en tal acontecimiento. No obstante, aún hay en su mirada resabios de paisajes ingleses, de calles y barrios londinenses. Se siente mareado aún por la bulliciosa metrópoli del pais de la niebla. Aunque recuerda todo lo que dejó atrás, le alegra estar en su tierra. La extrañaba. Más todavía a su pueblo. Los Alamos, enclavado en la provincia de Arauco. a un costado de Lebu. Habla de su viaje y se agita, parece que la sangre fluye a mayor velocidad en sus venas. Su rostro se tiñe de rojo, mira hacia el cielo de la redacción y exclama: —¡Inglaterra es maravillosa! Su gente es muy buena, atenta con los extranjeros. Las muchachas son bellísimas y muy alegres. Es un gran país. Al hablar de las mujeres inglesas se sonríe. Recuerda algunas amigas; no da nombres, solamente las recuerda. Le gustó la simpleza de las “chiquillas"; le agradó la desenvoltura con que llevan las minifaldas que les cubren apenas medio muslo. Se extrañó por la costumbre masculina de llevar el pelo largo, hasta los hombros algunos. Casi todos los jóvenes usan blue-jeans, camisas de colores vivos, estrafalarias, casacas amplias. Los vi en una especie de parque, que parece ser su sede: Piccadilly Circus. Allí llegan las niñas con sus falditas, las que les dan un aire de muñecas, sólo que muy reales y bonitas, otras en pantalones, sin peinados raros, ya que la mayoría prefiere el pelo liso, cayéndole en los hombros. Llegan los melenudos muchachos, que parecen expresar así su rebeldía contra el mundo, contra sus semejantes, contra algo. La verdad es que uno no sabe de qué se rebelan, porque parecen estar desorientados. En Picadilly Circus conversan, cantan, escuchan a sus ídolos. Las dificultades del Idioma fueron vencidas por Rolando Matus a duras penas. El poco inglés que sabia, aprendido en el Liceo de Lebu (cursa cuarto año de humanidades), le ayudó en algo. En Sunderland sufrió bastante, pues a la hora de comida encontraba el menú en inglés. Ponía el dedo sobre una linea y ordenaba. —A veces me traían platos exquisitos, pero en otras ocasiones eran exóticos y de sabor un tanto desagradable. En Londres era diferente. Allí nos atendieron mozos que hablaban en es-pañol. El adolescente que ha visitado de su país las ciudades de Concepción, Constitución y Santiago, incluyendo Lebu. conoció Sunderland, Middlesbrough, Newcastle. Londres, Paris, Edimburgo, hizo escala en Montevideo y Río de Janeiro. Conoció la casa donde se dice que nació y murió William Shakespeare. —Me dijeron que posiblemente no fuera en realidad la misma casa, pero que el lugar si lo es. En Escocia conocí dos castillos de valor histórico; en Paris. vi la Torre de Eiffel y el Arco de Triunfo. Son emociones inolvidables. Todo aquello que me enseñaron en fotos, libros, lo vi con mis propios ojos. SI hace años me lo hubieran dicho, me habría reído. Pero hoy ya no. SI me dicen que veré algo igual, esperaré. Después de esto espero cualquier cosa. Nada es Imposible. Estoy convencido de ello. Este muchacho de cara apacible, sonriente, hoy más despierto, con menos timidez en sus rasgos, recuerda feliz su viaje. El sureño quieto, callado, se quedó en una calle londinense, olvidado, pegado a la lluvia que cae en cualquier instante, sin previo aviso. Hoy es otro. Más seguro, con mayor desplante. Un Rolando Matus que maduró con el viaje. Los Alamos abrirá sus ojos campesinos y no podrá creerlo. —Todos los viajes dan experiencia. Y yo creo que algo he asimilado. Veo con menos susto a las ciudades grandes, no me intimida la gente que las habita. Aprendí que son Igual que cualquier otra. En Londres me encontré con un hermano de mi madre. Está casado y tiene tres hijos. Una emoción tremenda me apretó el pecho cuando lo vi en el aeropuerto. Hacía años que no lo veía. Mi tía Erundina, que viajó conmigo, no cabía en sí de alegría. Matus viajó, no sólo con el deseo de conocer, sino también de ser testigo de la campaña de la Selección chilena. Tenía fe en que se haría un buen papel. —Me sentí desanimado con lo que produjo nuestra Selección. Estuvieron muy mal la mayoría de los jugadores. Sólo Rubén Marcos se vio bien. Luchaba con empeño y lucía buena técnica. En la concentración se veían desganados, como esperando la hora del regreso. El único que estaba alegre era el osornino, que jugaba con los niños y firmaba autógrafos. El resto no lo hacía y parecían ser grandes estrellas que se hacían de rogar. Esto mismo parece que trajo roces entre el entrenador y el cuadro, pues no se miraban con buenas caras. Incluso una vez don Orlando Cabrera (director de Gol y Gol) habló con los jugadores, y éstos le dijeron que por qué no criticaba la mala conducción técnica de Luis Alamos. A su vez Alamos atacaba a los jugadores. Pero por encima de la amargura que le produjo la mala actuación chilena, le queda el recuerdo de los paisajes, de las ciudades extranjeras conocidas. La nerviosidad de la partida hacia lo desconocido, la alegría de llegar a lo que creyó que nunca vería; la nostalgia fuerte de su pueblo, la tristeza del regreso, todo ha quedado atrás. Parece haber despertado de un sueño hermoso. Pero sabe que todo eso aconteció. Hoy está de regreso. Es un muchacho agradecido y tiende su mano reconociendo a aquellos que le permitieron viajar. A estas horas está en Los Alamos, junto a sus tíos (sus padres fallecieron hace años), escuchando la canción del campo, el canto de la labor, la faena de la herrería y taller mecánico del que hace de padre para él. Sentado en el patio de su liceo contará maravillas de las ciudades que visitó. Contestará con cierto aire de sobrada suficiencia a su profesor de Historia sobre la Torre de Eiffel y el Arco de Triunfo, hablará de la casa, de la pieza, del estudio de Shakespeare, donde creyó adivinar la presencia atormentada de Otello, de los amantes de Verona del introvertido Hamlet. Y cuan-do la noche se tienda sobre su pueblo, soñará con lo que quedó atrás, esperando algún día repetir este viaje de ensueño. (cincuenta y un años después 2017 regrese a ese pais junto a Patricia, Diego y Patricio) El niño de Los Alamos se encuentra ya en su pueblo, luego de haber vivido el más fantástico de los viajes que jamás soñara. Trae los ojos encandilados por las bellezas inglesas y francesas. Admiró las minifaldas y las melenas impresionantes de los coléricos de Inglaterra. En Londres encontró a un tío que hacía años no veía. Le dolió la campaña de la Selección chilena. Está reconocido de GOL Y GOL, que le permitió volar por la Línea Aérea Iberia, y conocer lo que creyó nunca vería. (julio de 1966) |
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