Gabriela Eliana Pizarro Soto nació en Lebu el 14 de octubre de 1932. Fue una destacada investigadora, educadora, intérprete y recopiladora del folclor chileno. Junto a su esposo, el folclorista Héctor Pavez, fundó el conjunto Millaray, uno de los grupos más importantes de la proyección folclórica chilena.
Fue hija de José Abraham Pizarro y Blanca Hortensia Soto Figueroa. Su padre llegó a Lebu vinculado a la administración del ferrocarril minero, mientras su madre, de formación musical, participaba activamente en el coro de la iglesia, la orquesta de profesores y agrupaciones de teatro, zarzuela y opereta.
Desde su infancia, Gabriela tuvo contacto con las expresiones tradicionales de la zona. Acompañaba a su padre en sus visitas a los habitantes de los sectores rurales, donde conoció manifestaciones como el velorio del angelito, la cama redonda, los hierbateros y otras costumbres populares. Una influencia fundamental fue su nana Elba González, cantora campesina originaria de Cañete, quien le acercó al mundo de las cantoras, las chinganas, los bailes y la música tradicional.
En 1939, su familia se trasladó a Santiago. Durante su juventud estudió en la Escuela Normal y comenzó a desarrollar su interés por la música. Aprendió guitarra con la profesora Isabel Soro, quien la acercó a las Escuelas de Temporada de la Universidad de Chile, donde conoció a Margot Loyola. También compartió experiencias con jóvenes músicos que posteriormente tendrían gran importancia en la cultura chilena, entre ellos Víctor Jara, Rolando Alarcón y Silvia Urbina.
Margot Loyola se convirtió en una de sus principales maestras. Gabriela recibió de ella conocimientos sobre interpretación, recopilación y valoración del folclor como expresión viva de la cultura popular. Otra figura fundamental fue Violeta Parra, con quien tuvo contacto desde 1957. Violeta la estimuló a investigar directamente en terreno, conversar con cultores y recoger las expresiones tradicionales en sus propios lugares de origen.
El regreso a Lebu y la investigación del folclor
Uno de los momentos más importantes de su trayectoria ocurrió en 1956, cuando regresó a Lebu para investigar las expresiones musicales tradicionales de la zona. Entrevistó a cantoras como Noemí Chamorro, de Quiapo, y Olga Niño, entre otras. De ellas aprendió cuecas, mazurcas, tonadas, canciones religiosas y bailes como el chapecao y el chincolito.
Estas experiencias fueron fundamentales para construir un repertorio basado en las tradiciones de Lebu y de la provincia de Arauco, demostrando la importancia que tuvo su tierra natal en su formación como investigadora del folclor.
En 1957 comenzó a dirigir un conjunto folclórico vinculado a la Casa de la Cultura de Ñuñoa. Al año siguiente, en 1958, nació formalmente el conjunto Millaray, nombre que significa “flor de oro”. Con este grupo desarrolló una importante labor de investigación y difusión del folclor chileno, especialmente de la música y las danzas de Chiloé.
Millaray llegó a presentarse en importantes escenarios y grabó cinco discos para el sello Odeon, dentro de la colección El folklore de Chile. El conjunto se convirtió en una de las agrupaciones fundamentales de la proyección folclórica chilena. En 1959 Gabriela conoció allí a Héctor Pavez, con quien posteriormente se casó y tuvo cinco hijos.
Educación y difusión
Gabriela Pizarro no solamente fue intérprete e investigadora; también desarrolló una importante labor como educadora. Dictó cursos de música y folclor en distintas instituciones y trabajó como profesora de guitarra en la Universidad de Chile. Su preocupación por enseñar la música tradicional a las nuevas generaciones quedó reflejada en trabajos como El folclor en mi escuela y Danzas tradicionales.
Después de 1973, su trayectoria se vio fuertemente afectada por la situación política del país. Fue exonerada de la Universidad de Chile, Millaray se disolvió y Héctor Pavez partió al exilio, donde murió en 1975.
A pesar de las dificultades, Gabriela continuó trabajando. Realizó clases, participó en peñas y actividades culturales y formó grupos de niños de sectores populares. Posteriormente realizó diversas giras por Europa y Canadá, difundiendo el folclor chileno entre comunidades y públicos interesados en la cultura de nuestro país.
Durante las décadas de 1980 y 1990 retomó con fuerza sus investigaciones y grabaciones. Trabajó especialmente en torno al romance, las tonadas, las canciones religiosas, las cuecas y otras expresiones de la tradición oral. Entre sus publicaciones y grabaciones destacan Canciones campesinas, Romances de acá y de allá, Cuaderno de terreno y Veinte tonadas religiosas.
También continuó recopilando y enseñando hasta sus últimos años. En 1999 participó en la grabación de Las estaciones del canto y trabajaba en un proyecto dedicado a cuecas recopiladas por Violeta Parra.
Legado
Gabriela Pizarro falleció en Santiago el 29 de diciembre de 1999, a los 67 años. Su trayectoria dejó una profunda huella en la investigación y difusión del folclor chileno.
Su legado se relaciona especialmente con la recopilación de la tradición oral, la enseñanza del folclor y la valoración de los cultores populares. Su trabajo permitió conservar canciones, bailes, relatos y expresiones culturales que forman parte de la memoria de distintas comunidades de Chile.
Para Lebu, Gabriela Pizarro representa además una figura fundamental de su patrimonio cultural. Las experiencias de su infancia, el contacto con las cantoras y las tradiciones locales y, especialmente, su regreso a la ciudad en 1956 para realizar investigación folclórica, muestran que su vínculo con Lebu estuvo presente durante toda su trayectoria.
Junto a figuras como Violeta Parra y Margot Loyola, Gabriela Pizarro ocupa un lugar destacado en la historia del folclor chileno. Su obra demuestra que investigar, recopilar y enseñar las expresiones tradicionales también es una forma de preservar la memoria, fortalecer la identidad y valorar el patrimonio cultural de Chile.
Gabriela Pizarro: de las tradiciones de Lebu a la difusión del folclor chileno.
Gracias a su labor como cantautora, investigadora y docente, Gabriela contribuyó significativamente al patrimonio musical chileno, dejando un legado importante en la música folclórica del país. Su pasión por la música resistió incluso la adversidad política que trajo el Golpe Militar de 1973.
NOTA AUTOR:
Gabriela Pizarro se encuentra sepultada en el Cementerio Municipal de Lebu, al lado de su hermano el historiador lebulense José Alejandro Pizarro Soto. (Recopilación Información Internet: Víctor Hugo Garcés Soto)
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