Francisco Flores, a días de la partida de David Carrillo, nos trae el recuerdo de su voz que mucho entregó a nuestra ciudad, lo hace con una anécdota donde que quizás le faltó dar el nombre de quien se quedó con el borderó de un festival.ESCRIBE FRANCISCO:
Conocí a David Carrillo en una oportunidad en que había un baile en el casino del Club de Huasos y él actuaba con una agrupación llamada “Los Tripailaos”. Como estaba cantando unos boleros, me gustó el color y la tesitura de su voz, que la hicieron interesante para mis oídos, acostumbrados desde niño a escuchar este género musical.
Con el tiempo comencé a verlo en cada show que se realizaba en el Teatro Municipal y, especialmente, en “Impacto 158”, que se transmitía a través de la emisora. Me llamaba profundamente la atención el respetuoso silencio que se producía cuando cantaba; un silencio casi devocional, que estallaba en un estruendoso aplauso al término de cada canción.
Nos hicimos amigos y era una persona completamente de bajo perfil, muy caballero y respetuoso; una bella persona.
David Carrillo sufrió ese síndrome que afectó a muchos cañetinos en el pasado: el apego al terruño. No miraron horizontes más lejanos, donde con toda seguridad habrían sido exitosos, porque talento les sobraba. Puedo nombrar a Leonor Jara, que era un remolino en el escenario; a Rosa Acuña, con sus canciones de Tormenta; a la infantil Yaquita; a Violeta Medrano y a tantos otros que se pierden en la oscuridad del tiempo.
Mención especial merece Conrado Cartes, que no quiso venir al “Festival de la Una”, animado por Enrique Maluenda, cuando Germán Salas Torres quiso traerlo, porque no estaba interesado. Con seguridad, la historia habría sido diferente, porque tenía una voz superior a la de Cristóbal.
Pero la diosa Fortuna estaba a punto de tocar la puerta de David Carrillo.
Por los años 1974-1975 se creó en Chile un nuevo sello discográfico llamado “Le Cascade”, donde Jorge Oñate, quien fue productor musical chileno y ejecutivo de la filial chilena de la disquera transnacional Industrias Eléctricas y Musicales Odeon S.A. (actualmente EMI Music), se haría cargo de lo que precisamente sabía hacer con autoridad: descubrir nuevos talentos. Para ello se creó un plan nacional de festivales a través de cada emisora local existente en el país.
Jorge Oñate estaría presente en cada uno de estos festivales en calidad de presidente del jurado para tomar nota del ganador, y la recaudación del evento serviría de apoyo económico para la producción del disco del artista en cuestión.
Bueno, en Cañete no se esperó la llegada de Jorge Oñate para realizar el festival, que fue de una calidad apoteósica, con la participación de aspirantes provenientes de muchos lugares de la provincia y de sus alrededores.
Al final quedaron tres participantes optando al codiciado primer lugar: David Carrillo, un señor de Lebu que cantaba “El mundo”, de Jimmy Fontana, y un tercero cuyo nombre no recuerdo.
En el momento de mencionar al ganador, había que entregarle inmediatamente el “borderó” —lo digo así porque se usaba mucho el término—; pero el animador del certamen, contradiciendo la decisión del jurado, que daba por ganador a David Carrillo, otorgó el primer lugar al señor de Lebu.
Conociendo la rivalidad existente entre las dos ciudades, solo deben imaginarse lo que ocurrió dentro del Cine Plaza, afuera en la calle y en la Plaza de Cañete, donde se produjo una verdadera guerra campal entre cañetinos y lebulenses.
Lo peor fue que, mientras el ganador cantaba su canción, el animador escapó con la recaudación (el borderó), de modo que ninguno recibió nada.
Hoy, a pocos días de su partida, vuelven a mi memoria su voz, su caballerosidad y aquella humildad que siempre lo caracterizó. David Carrillo se ha ido físicamente, pero permanecerá en el recuerdo de quienes tuvimos el privilegio de escucharlo y de conocer al hombre sencillo que habitaba detrás del artista.
Su voz se ha silenciado en la tierra, pero, como ocurre con los verdaderos cantores, seguirá resonando en la memoria y en el corazón de su gente.
Lamento mucho la partida de David Carrillo. Cuando fallece alguien que formó parte de la vida cultural de una comunidad y de nuestros propios recuerdos, también se va una parte de nuestra historia y de nuestra juventud.
Y Jorge Oñate nunca vino a Cañete.
Las imágenes de la nota fueron obtenidas de otro homenaje que le escribió Luis Flores en su cuenta de Facebook (https://www.facebook.com/luis.flores.olave).
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