A propósito de un artículo que nos envían, vuelve a la memoria el caso Arley Méndez que optó por participar en estos polémicos juegos, luego de haber asistido a un mundial financiado por el Gobierno Regional, representando a Cañete.
El levantador de pesas de origen cubano, quien obtuvo la nacionalidad chilena por gracia, confirmó su participación en los “Juegos Mejorados” e indicó estar “Feliz de formar parte de este equipo. Vamos por esos récords” (leer acá). De inmediato surgieron voces de algunos diputados que plantearon la posibilidad de retirarle la nacionalidad que se le había otorgado.
También causó sorpresa entre los cañetinos que fuera parte de la Asociación local por ¡más de dos años!, tras retomar su competencia normal luego de haber sido sancionado justamente por dopaje. Sorpresivo también que con el patrocinio de la comuna, Arley Méndez lograra un millonario financiamiento del Gobierno Regional para asistir a un mundial (leer acá), donde obtuvo el segundo lugar (leer acá). Quizás ahora se cuestione con más fuerza haber financiado a un deportista, no solo sin arraigo local, sino oportunista, en desmedro de muchos otros que pertenecen y sí representan nuestra tierra, a los cuales les cuesta tanto financiar sus carreras.
¿EL DOPAJE REALMENTE TE HACE MEJOR ATLETA? LO QUE REVELARON LOS POLÉMICOS JUEGOS MEJORADOS
(Artículo de la Dirección de Comunicaciones de UCSC)
La competencia que permitió el uso de sustancias dopantes prometía romper récords y redefinir los límites del rendimiento humano. Sin embargo, sus resultados reabrieron una pregunta incómoda: ¿cuánto depende realmente el éxito deportivo de una sustancia y cuánto del entrenamiento, la preparación y la mente?
¿Y si el dopaje dejara de ser una trampa y se transformara parte del juego? Esa fue la apuesta de los llamados Enhanced Games o Juegos Mejorados, una competencia internacional realizada recientemente en Las Vegas que desafió uno de los principios fundamentales del deporte moderno: la prohibición de sustancias destinadas a mejorar el rendimiento.
A diferencia de los Juegos Olímpicos y de la mayoría de las competencias oficiales, los Juegos Mejorados permiten de forma abierta y legal el uso de testosterona, eritropoyetina (EPO), esteroides, hormonas de crecimiento y otras sustancias potenciadoras, eso sí, siempre bajo supervisión médica. Sus organizadores sostienen que las restricciones impuestas por organismos como el Comité Olímpico Internacional (COI) han frenado el potencial humano y que la tecnología y la biotecnología deberían formar parte de la evolución natural del deporte.
La iniciativa también se diferencia por su modelo de financiamiento. Los atletas reciben salarios por participar y pueden acceder a premios millonarios. Entre los principales inversionistas figuran el cofundador de PayPal y Palantir, Peter Thiel; el empresario Donald Trump Jr.; y el príncipe saudí Jaled bin Alwaleed Al Saud, junto a otros empresarios vinculados al sector tecnológico y fondos de capital de riesgo.
Bajo la promesa de alcanzar “la mejor versión” de los deportistas, la competencia generó una enorme expectación mediática. Sin embargo, pese a los recursos involucrados y a la presencia de atletas reconocidos, los resultados estuvieron lejos de las expectativas. Apenas se registró un récord mundial no oficial y, en algunos casos, deportistas que afirmaban competir sin dopaje superaron a rivales que sí recurrieron a sustancias prohibidas.
Fue precisamente ese resultado el que reabrió una pregunta que parecía tener una respuesta obvia: ¿realmente el dopaje es tan determinante como muchos creen?
Para el Dr. David Ulloa, académico de la Facultad de Educación de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), estos resultados reflejan una realidad que la evidencia científica ha mostrado durante años: el rendimiento deportivo no depende exclusivamente de factores biológicos.
“El dopaje puede conferir ventajas fisiológicas específicas, pero no constituye por sí solo un factor determinante absoluto del rendimiento deportivo ni garantiza el éxito competitivo”, plantea el académico, Doctor en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte.
Más allá de las sustancias, el desempeño de un atleta está influido por múltiples variables. La preparación técnica y táctica, la calidad del entrenamiento, los procesos de recuperación, la fortaleza psicológica y la experiencia competitiva continúan siendo elementos decisivos. En palabras simples, quien no entrena adecuadamente no se vuelve competitivo solo por consumir sustancias dopantes.
Mucho más que química
Uno de los aspectos que más llamó la atención de los Juegos Mejorados fue precisamente que muchos participantes no consiguieran superar marcas históricas pese al uso permitido de sustancias ergogénicas.
Según explica el Dr. Ulloa, esto ocurre porque la respuesta al dopaje varía considerablemente entre las personas. Además, algunos compuestos ampliamente asociados al aumento del rendimiento tendrían efectos más limitados de lo que suele creerse popularmente.
La ciencia respalda esta idea. Diversas revisiones recientes han mostrado que sustancias como la hormona del crecimiento, frecuentemente asociadas a mejoras deportivas, no han demostrado incrementos significativos en fuerza muscular ni en la capacidad física global de atletas sanos.
“Lo que muestran estos resultados es que el rendimiento deportivo representa un fenómeno multifactorial extremadamente complejo”, sostiene el académico de la UCSC.
El costo invisible del rendimiento
Más allá de la discusión sobre récords y espectáculo, el debate sobre los Juegos Mejorados también vuelve a poner sobre la mesa los riesgos asociados al dopaje. La evidencia científica ha vinculado el uso prolongado de estas sustancias con enfermedades cardiovasculares, hipertensión, trombosis, daño hepático y renal, alteraciones hormonales, infertilidad y trastornos psicológicos como ansiedad, agresividad y depresión.
Por ello, el Dr. Ulloa advierte que el dopaje no solo representa una transgresión ética y reglamentaria dentro del deporte de alto rendimiento, sino también un problema de salud pública.
La discusión abierta por los Juegos Mejorados trasciende así el ámbito deportivo. Más allá del espectáculo o del negocio asociado al denominado “mejoramiento humano”, el fenómeno invita a reflexionar sobre los límites éticos del deporte y sobre una idea que sigue vigente incluso en tiempos de biotecnología avanzada: el rendimiento deportivo no puede reducirse únicamente a una sustancia.
Porque, al final, la pregunta no es solo cuánto puede mejorar el cuerpo con ayuda de la química, sino cuánto del éxito deportivo sigue dependiendo de aquello que ninguna sustancia puede reemplazar: la preparación, la disciplina y el talento.
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